De brujas y alternativas rebeldes para cuidar la salud

 

¿Quiénes eran las brujas que fueron condenadas a muerte en Europa entre los siglos XIV y XVII? De esta historia tenemos una versión bastante limitada, pues la mayoría de aquellas mujeres, no sabía leer ni escribir, por lo que no hay registros de primera mano de sus vidas y sus prácticas. Las acusaciones en contra de las brujas, están relacionadas con la herejía, es decir, con acciones y difusión de saberes, opuestos a los dogmas de la tradición judeocristiana. De estas mujeres se decía, por ejemplo, que habían sostenido relaciones sexuales con el demonio, lo cual les había dado el poder de despertar las pasiones de los varones, llevándolos incluso a un estado de locura que los separaba del supuesto camino de Dios.

Hay un montón de implicaciones políticas alrededor de la cacería de brujas, igual que en cualquier intento eclesiástico por someter al pueblo. Pero acá quisiera poner atención sobre un aspecto: la salud. Muchas de las mujeres que fueron condenadas a la hoguera, llegaron hasta ahí por ejercer prácticas sanadoras, es decir, eran curanderas. La profesionalización de la medicina fue otro factor importante en el exterminio de las brujas y sus tradiciones. El tratamiento de las enfermedades, el contacto entre cuerpos con la intención de curar, el uso de plantas: todo fue restringido por medio de leyes estrechamente relacionadas con los mandamientos eclesiásticos, bajo el argumento bien cartesiano de la duda sobre el conocimiento adquirido por vías distintas del método científico.

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Es larga la historia de la medicina para llegar hasta el momento presente, de lo que sí podemos estar seguras, es de que las leyes de salud de nuestro país, siguen siendo elitistas. El acceso a las escuelas de medicina está restringido a personas con determinado estatus socioeconómico, además de que los servicios de salud pública son bastante deficientes, y los privados bastante costosos. Todo esto sin siquiera tomar en cuenta lo riesgoso que es consumir drogas de prescripción y someterse a cirugías, el constante surgimiento de enfermedades y el hecho de que en México, más de 200 plantas medicinales son ilegales.

Parece que ahí hay un negocio.

Este es el momento en que escucho voces diciendo que soy la típica que todo lo quiere relacionar con la misoginia, pero lo tengo que decir, pues al revisar distintas historias de lo que he expuesto aquí, me parece que hay una evidente relación del desprestigio de la brujería y el posterior dominio del estado sobre nuestros cuerpos a partir de la profesionalización de la medicina, con el desprecio a un saber que era principalmente resguardado por mujeres, y bien, con el desprecio a todo conocimiento que no surja dentro de los límites de la academia, misma que es logocentrista per se.

Y esta centralización de poderes y establecimiento de figuras de autoridad, es lo que da sustento al sistema patriarcal.

Pero ni siquiera se trata ahora de detenernos en ese aspecto, aunque bien vale la pena pensarlo. Se trata más bien de revisar nuestra relación con la naturaleza y el conocimiento empírico que de ella tenemos, de replantearnos la relación que tenemos con nuestros cuerpos y de recuperarlos como territorio; acercarnos a una idea de salud distinta de la propuesta por la alopatía, sin que por ello signifique desechar el saber hasta ahora logrado por la ciencia médica, sino más bien enriquecerlo con el fin de procurarnos una mejor calidad de vida y cierta independencia política que parte del goce y bienestar del propio cuerpo.

 

Texto: Vale Ria

Ilustración: Laiza Onofre 

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