Seres invisibles

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Recordemos el fin de este espacio. Este blog es un portal para registrar, compartir y externar nuestras experiencias como mujeres en el día al día, para así generar diálogo y erradicar costumbres que truncan nuestro crecimiento como personas.

Durante este proceso de desaprendizaje, en el que aún sigo inmersa, me he topado con situaciones que hacen muy evidente un gran problema.

Este gran problema es que las mujeres somos invisibles.

Hemos de ser, en muchas ocasiones, las responsables de hacer y deshacer funciones primordiales en la vida. El peso de la historia nos lo dice. Hemos sido las responsables de educar o maleducar a nuestros hijos, de hacer los quehaceres del hogar y de ser esa gran mujer detrás de ese gran hombre.

Como lo dijo Björk en una entrevista para Pitchfork “Women are the glue. It’s invisible what women do. It’s not rewarded as much”
(Las mujeres son el pegamento. Es invisible lo que las mujeres hacen. No es tan recompensado)

Bajo esta perspectiva, podemos entender muchas de las cosas por las que pasamos.

Esta afirmación la entiendo y la percibo cuando se presentaron estos tres ejemplos (y seguro hay muchos más de los cuales no fui consciente en su momento)

He conocido amigas o familiares que, cuando terminan sus relaciones maritales o de noviazgo, el reconocimiento a la existencia de la mujer es nula. No hay miradas, saludos o explicaciones de parte de su ex pareja. Ni si quiera hay agradecimientos. Son como fantasmas. Presencias fuertes que permanecen invisibles ante los ojos de esa persona con la que estuvo a su lado.

Lo entiendo también, cuando pago un mandado o una cena, pero cuando nos traen la cuenta o estamos en la caja, es a mi esposo a quien le preguntan si desea redondear los centavos o que le den cambio.

O cuando estoy dando clases y llegan a interrumpirme frente a todos mis alumnos, sin considerar en lo absoluto mi trabajo de preparación, mi profesión, mi perspectiva o siquiera mi presencia… ¡Nada! nos reducimos a la invisibilidad.

En ese sentido, todo el trabajo que hay detrás de lo que hacemos las mujeres, sostiene estructuras que dan forma a como se mueven las cosas, quedando excluído, reducido, invisibilizado.

Es el pan de cada día. Es el problema común que debe dejar de existir. Es la costumbre que debe comenzarse a arrancar desde lo más profundo de la raíz.

No me cansaré de decirlo. Hay que hacerle frente a esta situación, no señalando a personas culpables, más bien, señalando nuestra cultura, pues creo que todos somos víctimas de una herencia cultural misógina muy pesada.

Entenderlo desde este lugar primero, para hacer visible esta incómoda situación y después dialogarlo, actuar compasivamente y lograr un cambio poco a poco.

Reconozcan nuestra existencia, nuestra labor y nuestro valor como personas. Dejemos nuestros propios egos atrás y hagamos cabida al reconocimiento de las personas por igual

Texto e ilustración por: Laiza Onofre

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