Feminismo, minimalismo y libertad

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Se puede decir que hoy en día hay una fuerte ola de feminismo y minimalismo. No pienso que estas corrientes sean mera casualidad o moda. Creo que han regresado ya que el momento histórico que vivimos nos lo pide.

Por esto, creo que es importante hablarlo, hablarlo y volverlo a hablar hasta que dejemos de necesitarlo.
Para mí, el feminismo y el minimalismo van de la mano. Una me ayuda a desaprender enseñanzas bien arraigadas y la otra me ayuda a quedarme sólo con lo esencial y necesario.
Pienso que, históricamente a las mujeres nos han detenido con miles de estándares y reglas que seguir.
Vernos de cierta manera, actuar de cierta manera, querernos o no querernos bajo ciertos parámetros y un sin fin de cosas más que tenemos que cumplir para poder sobrevivir el día a día. (Sí, literalmente sobrevivir) —

La creencia tan aprendida de generación en generación de vernos femeninas y bonitas para que el mundo nos acepte y nos apruebe.
La creencia aprendida de necesitar un montón de productos extra que, curiosamente los hombres no necesitan para vivir.

Para mí, en este punto, hay un cuestionamiento clave que viene fundándose desde el minimalismo y en muchas otros aspectos más:
¿Realmente necesito de tantos acondicionadores para el cabello? ¿Realmente necesito de todos los maquillajes y productos faciales para verme mejor? ¿Para quién me quiero ver así?
Se nos ha capitalizado tanto nuestro cuerpo al punto en que, cualquier imperfección o mancha, resulta una verdadera aberración para nosotras.

Sin duda, gracias al feminismo y minimalismo pude replantearme estos estándares.
¿Por qué necesitar de toallas femeninas y contaminar más de lo que ya está contaminado el mundo, cuando por décadas, se viene manejando la copa menstrual? ?¿Por qué hasta mis casi treinta años, me di cuenta de que tal maravilla existe?

Al vivir creyendo firmemente en estas dos corrientes, llegué a una tremenda iluminación: las dos significan libertad.

Libertad de juicios hacia mí y hacia las y los demás,libertad de arraigo a lo material,
libertad de vivenciar mi cuerpo como me plazca y libertad de amarme como soy, como vine y como probablemente me iré de este mundo: sin cosas ni maquillaje.

Hay que aclarar, podemos apropiarnos del feminismo y del minimalismo como mejor se nos acomode.
Si queremos ser feministas depiladas, maquilladas y entaconadas; excelente. Si queremos ser minimalistas con una colección enorme de viniles, perfecto.
Es ese mismo espíritu de libertad lo que nos permite amoldarnos a cualquiera de las dos corrientes.

Seamos quienes queramos ser para nosotras y nosotros mismos y permitamos ser a los demás como ellas y ellos quieran serlo

Texto por : Laiza Onofre

*Escrito originalmente para La vida minimal

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