No soy bipolar, soy mamá

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A propósito del diez de mayo (ODIO el término ‘día de las madres’. Cada que lo escucho, suena en mi mente la insufrible canción de Señora Señora y esto me hace sentir… mmm… señora) me preguntaron ¿cómo es ser mujer y ser madre a la vez?

Inmediatamente apareció a mi lado una burbuja de pensamiento con emoji pensativo dentro. El instinto siempre te lleva a inmediatamente querer responder la frase prefabricada “¡ser mamá es lo mejor que me ha pasado en la vida!” sea cierto o no. Es lo socialmente aceptable, es lo deseable, es lo esperado. La verdad es que ser mamá puede provocar muchas cosas. Para mí, ser mamá ha sido lo más increíblemente extenuante, agotador, retador, empoderador y bonito que he experimentado en mi vida. Estoy convencida que no existe mayor bipolaridad que ser madre; descubres una capacidad extraordinaria de ir de la euforia total al enojo absoluto, del amor incondicional a la inminente frustración- la mayor parte del tiempo todos estos sentimientos a la vez. Y que ni se le ocurra a alguien preguntar por tus hijos, porque de repente te encuentras dando cátedra sobre su más reciente anécdota, completa con soportes visuales: interminables fotos, videos y boomerangs que tienen agotada la memoria de tu iphone sin mencionar la batería. Ser mamá es locura total, la locura más rica y disfrutable que existe.
Por otro lado, está el tema de ser mujer. Por un tiempo, especialmente durante el puerperio (que no, no se refiere estrictamente al periodo de cuarentena) es inevitable olvidarte un poco de ti misma. El fatídico cóctel de hormonas y cansancio es traicionero. Todo siempre gira alrededor del bebé y sus ritmos, hasta que vas encontrando tu groove y poco a poco todo vuelve a la normalidad…. aunque tu vida jamás será igual y tu jamás serás la misma y eso está bien. Hacer las paces con esta idea es algo tremendo que lleva tiempo y trabajo. Ser mamá te transforma en todos los niveles, así que es imposible regresar a ser la misma mujer. Ahora te crees más, te sientes más, eres más. Más humana, más imperfecta, más mamífera, más superpoderosa.
Lo cual me lleva a hablar sobre feminidad o womanhood. En mi caso, la serie de transformaciones que implica la maternidad me ha llevado a disfrutar y valorar mucho más esta etapa y vivirla desde otra perspectiva. Ahora me encuentro arreglándome y poniéndome bonita para mí, sólo porque sí. Ahora es un ritual con más significado vestirme para una ocasión especial y saboreo los momentos cuando estoy sola y en silencio. Me asombro del instinto maternal y su magia. Ahora es más natural conectar con otras mujeres y hablar desde el corazón. Me doy más oportunidad de sentir y demostrar mis sentimientos. Entiendo mejor que nunca la importancia y el poderío de tener un sistema de apoyo con más mujeres. Creo que la esencia del womanhood es estar cómoda en tu propia piel y abrazar el concepto de aceptarte como ahora eres y en quien te haz convertido. En cualquier caso, y a propósito del diez de mayo, feliz día al compás de Mami, me he tragado el disco de Depeche Mode el tema que se convirtió en la canción de cuna de mis hijos y una que me hace sentir… mmm… no taaaan señora.

Texto por: Mirtha De La Garza

Ilustración: Laiza Onofre

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