El devenir feminista

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Pienso en el feminismo como un proceso de adentro hacia afuera, y de afuera hacia adentro, sin el cual ninguna lectura, ningún congreso, ningún concepto insertado en el lenguaje cotidiano, cobra sentido. El feminismo implica una lucha diaria más que una construcción teórica.

Sin acciones concretas en mi vida y hacia la vida de las otras y los otros, el feminismo se vuelve otro tema de la academia, otro blah blah blah en las mesas de los congresos. Si lo que leo, escucho y observo, no me sirve para cambiar aspectos de mi vida que están impregnados de patriarcado, entonces no me sirve para nada fuera de un embellecimiento aparente, un fortalecimiento del ego.

El feminismo que no trasciende lo intelectual, no es más que una inversión del poder en el mismo esquema heteropatriarcal en el que hemos venido viviendo.

Y es ahí donde interiorizar se vuelve una lucha diaria. Un ejercicio de atención plena hacia todo lo que hago, digo, pienso y siento. Y en esa atención, aceptar las propias fallas en lugar de ocultarlas en un discurso académico, conocerlas a fondo, desde su origen, reconocerlas para conseguir vaciarse de lo que las alimenta, vaciarse para poder reformarse.

Crear congruencia entre aquello que intelectualizo y digo, con lo que hago, para poder sentirlo, para incorporarlo; avanzar hacia la integridad.

La lucha entonces, no es sólo hacia el exterior, no es únicamente contra el sistema y los otros, es también una lucha interna, sin la cual, la lucha externa simplemente no manifiesta resultados. Con esto no quiero caer en el cliché de que si cambio yo, cambia todo: no. La lucha interna no implica únicamente lo que interiorizo, sino la manera en que a partir de ello se transforman todas mis relaciones, comprendiéndome en colectividad. Y sólo desde esa colectividad nutrida por relaciones honestamente afectuosas, es que podemos crear una resistencia íntegra.

El feminismo no puede contentarse con replantear las diferencias y relaciones hombre-mujer en un macrosistema, sino avanzar hacia la deconstrucción de toda una estructura construida sobre la idea del macho que sólo sabe afirmarse disminuyendo al otro y a la otra.

Aquietar al ego, cuando sobre un concepto diferente, quiere tomar la misma acción que aprendió en sus primeros años de vida, y saltar a devorar al prójimo para sentirse más grande.

Texto por: Vale Ria

Ilustración: Laiza Onofre

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