Menstruación amorosa

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Hace un año que mi relación conmigo cambió notablemente a raíz de que empecé a usar la copa menstrual. durante mi periodo anterior, por un descuido al viajar, tuve que usar toallas desechables otra vez y esto me dio la oportunidad de valorar la experiencia de la copa y recordar mi camino de rechazar mi menstruación a amarla.

la primera vez que reflexioné sobre mi relación con mi sangre, fue porque hice un monólogo de Máquina Hamlet, La Europa de la Mujer, en el que Ofelia termina diciendo que sale a la calle vestida con su propia sangre. pensé en el rechazo que había a la sangre menstrual, en el significante sucio que se aparecía en la mente al momento de siquiera mencionarla y lo odioso que me parecía cuando me empezaba a bajar. pensé en el daño que esto me hacía a nivel social y emocional. para la preparación de ese monólogo, como por regalo del universo, llegó mi luna. me permití no usar productos para contener la sangre (sangrado libre), lo cual también me permitió tocar mi sangre y olerla. la sensación que tuve fue de caricia, sí, sentí en el pecho esa calidez que da una caricia cariñosa. sentí que estaba encontrándome con una parte tan mía, de la que paradójicamente había estado separada mucho tiempo.

meses después me convencí junto a mi amiga Laiza de probar la copa menstrual y fue toda una aventura. doblar la copa, abrir las piernas, descifrar cómo acomodarla adentro, cómo quitármela, observar con detenimiento partes de mi cuerpo que nunca me había detenido a mirar por más de dos segundos, conocerme a fondo, con tacto, y estar todo el tiempo viendo, oliendo y tocando mi sangre. como lo dijimos en aquel momento: esto no fue un cambio de producto, fue un cambio de hábito, que para mí convirtió a mi periodo menstrual en una fiesta. empecé a notar que en lugar de sentirme mal porque me iba a bajar, me emocionaba, recibía gustosa mi propia sangre y me disponía a observarme y cuidarme totalmente durante cuatro o cinco días. mi menstruación se convirtió realmente en mis días, la parte del mes en que TODO se trataba de mí, de mi cuerpo, de mis emociones, de mis deseos.

evidentemente este cambio se vio reflejado en todas las áreas de mi vida.

además, el hecho de no producir la cantidad de basura que antes producía por un fenómeno natural de mi cuerpo, me hace sentir más cómoda con la tierra, más cercana a ella, más comprensiva de sus procesos también.

finalmente, después de haber tenido que usar toalla otra vez, sólo me queda decir que no puedo creer que durante años la haya visto como mi única opción.

repito, no va sólo de un cambio de producto: ahora ser mujer es algo que me encanta con todo lo que implica.

Texto: Vale Ria

Ilustración: Laiza Onofre

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